En noviembre de 2024, el Lama Tony Karam impartió este ciclo de enseñanzas sobre “La Muerte, el Bardo y el Renacimiento” en la Fundación Casa de México en España como parte de las actividades para conmemorar el Día de Muertos. Hoy, ponemos estas sesiones a disposición del público de forma gratuita para que cualquier estudiante del Dharma o interesado en la naturaleza de la conciencia pueda acceder a esta guía fundamental sobre el tránsito del morir.

En el corazón de la tradición tibetana, la muerte no se contempla como una extinción, sino como la oportunidad técnica más importante para la liberación. Para el budismo, entender este proceso es una práctica vital que nos permite vivir con mayor significado. Como bien resume:

“La muerte es en realidad un gran aliado, porque nos susurra algo trascendente: el valor de cada instante de vida ante la incertidumbre de cuándo nos sorprenderá.”

LAMA TONY KARAM

Sesión 1: La naturaleza del morir

En esta primera entrega, se establecen las bases lógicas de la conciencia. Se explica la diferencia entre la muerte clínica y la “muerte real” (que ocurre aproximadamente 72 horas después) y cómo la mente sutil comienza su navegación por los estados intermedios.

Sesión 2: Los 49 días y el renacimiento

La segunda parte profundiza en el bardo kármico y el periodo de las siete semanas. Aquí se exploran las facultades de la conciencia en el estado intermedio, como la percepción remota y la capacidad de percibir las intenciones de los vivos, así como la importancia del estado mental previo al fallecimiento.

La geografía del bardo: El discurso de la transición

A continuación, presentamos una síntesis del discurso del Lama Tony Karam a lo largo de este seminario, organizada para comprender la coherencia técnica de este viaje:

“La conciencia se define como una energía lúcida y, como toda expresión energética que carece de un principio y fin absolutos, esto es, no se crea ni se destruye, se transforma. No es una mera propiedad emergente del organismo físico; es como si el hardware de una computadora fuera animado por el software. La muerte clínica tan solo representa el punto intermedio del tránsito del morir, porque la muerte clínica tan solo caracteriza al colapso del cuerpo físico. Pero el cuerpo energético toma un poco más de tiempo en desorganizarse, se dice toma aproximadamente tres días humanos, y cuando ese cuerpo se desorganiza, la conciencia se separa y es en ese momento que acontece la muerte real.

Esa dimensión de la conciencia es la dimensión de la conciencia despierta, no conceptual, la que opera más allá del lenguaje y que no está restringida por el tiempo y el espacio. Ese periodo de transición entre una vida y otra puede durar hasta un máximo de 49 días.

Durante el tránsito, la única base sensorial que opera es la mental, lo cual quiere decir que todas las experiencias que nosotros desplegamos no existen independientes a la conciencia. La percepción remota es hoy vista como una función genuina de la cognición humana, lo que quiere decir que hay una dimensión de la conciencia que no requiere del cuerpo para funcionar. El entre estado kármico del devenir es muy similar al entre estado del sueño onírico, es un tipo de sueño. Las experiencias por las que se transita están determinadas por lo que cultivamos en vida y lo que tuvimos inmediatamente antes de morir. Por eso es muy importante cuidar cómo es que uno transita la muerte”.


Contexto histórico

Estas enseñanzas se fundamentan en el Bardo Thodol (Libro tibetano de los muertos). Históricamente, este texto del siglo XIV pertenece a la escuela Nyingma y se considera un terma o tesoro oculto atribuido al maestro Padmasambhava (siglo VIII). La estructura de los 49 días y los siete ciclos de transformación reflejan una comprensión milenaria de la psicología transpersonal, preservada en el Tíbet para permitir que la conciencia reconozca su propia naturaleza en el momento de la transición más crítica de la existencia.

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