La vida pasa tan fugaz como un relámpago que ilumina la noche.
Esta enseñanza proviene de las prácticas preliminares del Ngöndro de la escuela Nyingma, el linaje establecido por Guru Rinpoche en el Tíbet. Aparece de manera central en la contemplación de la “Preciosa vida humana”, una reflexión diseñada no para tranquilizar, sino para sacudir al practicante de su complacencia y adormecimiento habitual.
Los maestros de esta tradición insisten en ello con severidad: obtener una vida humana con las condiciones necesarias para practicar las enseñanzas del Buda no es algo común ni natural. Es un evento estadísticamente improbable y aterradoramente fugaz. Algo que, visto desde la vastedad del tiempo, ocurre una sola vez.
Para transmitir esta verdad, se utiliza una metáfora precisa.
Imagina un cielo nocturno completamente cubierto por nubes densas. No hay luna. No hay estrellas. No hay referencias. Todo está sumido en una negrura total. Esa oscuridad no representa la nada, sino el Samsara mismo: eones de existencia dominados por la confusión, el apego y la aversión. Un ciclo sin claridad ni salida.
De pronto, sin aviso alguno, un relámpago rasga el firmamento.
Según esta enseñanza, nuestra vida es ese instante de luz.
La existencia humana es un destello momentáneo que, por una fracción de segundo, permite ver el camino y distinguir las formas en medio de la oscuridad. Durante ese brevísimo lapso aparece la lucidez: sabemos que sufrimos, entendemos por qué sufrimos y reconocemos que existe una vía para liberarnos de ese sufrimiento.
Eso es todo.
Luego, la oscuridad vuelve a cerrarse.
Esta vida —la que ahora vivimos— es una ventana de claridad preciosa y frágil. No hay garantía de que vuelva a repetirse, ni mucho menos que vaya a durar. La muerte es segura. El momento de su llegada, completamente incierto.
Por eso esta contemplación no admite postergaciones.
Comprender nuestra “Preciosa vida humana” implica reconocer que esta oportunidad no puede desperdiciarse. Que no estamos aquí para distraernos indefinidamente, ni para aplazar lo esencial, ni para suponer que habrá condiciones mejores más adelante. Mientras este relámpago permanece, debemos aprovecharlo.
El relámpago ya ha aparecido.
No dejes pasar esta claridad.
Te invito al seminario En búsqueda de la felicidad genuina, un espacio de estudio y práctica orientado para aprovechar esta oportunidad excepcional.
Lama Tony Karam
