Nuestra Stupa

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En el año del 2004 en Avándaro (Valle de Bravo en Edo. de México) tuvo lugar un complejo proceso de construcción que asemejaba más una labor tecnológica que arquitectónica. Siguiendo una tradición de más de 2500 años de antigüedad; arquitectos, albañiles, y Lamas tibetanos cuidaron las minuciosas instrucciones de códigos conocidos como tikse para finalizar la primera Stupa Budista en México.

La Stupa (chorten en tibetano) es una edificación donde convergen gran cantidad de simbolismos, cuya revisión individual nos acerca a entender su función real. Es preciso que esta primera aproximación sirva para ubicarla en adelante como parte de un todo, que funciona como resultado de la interconexión de elementos arquitectónicos y espirituales de profundo significado.

Existen ocho tipos de stupas relacionadas con eventos clave en la vida de Buda. La Stupa de nuestro país pertenece al tipo de chian chiub chorten (Stupa de la iluminación en tibetano) y simboliza la iluminación del Buda así como la naturaleza de una mente totalmente despierta.

En primer término, una Stupa es un monumento funerario en honor a un maestro en específico. En segundo lugar, representa el cuerpo del maestro que una vez muerto fusiona su estado de iluminación con la construcción, por lo que se dice es la esencia viva de ese maestro y por lo tanto, de la mente despierta de un Buda. Finalmente, funciona como un lugar sagrado de peregrinaje para iniciar o continuar una conexión con ese maestro, para lo cual se encuentra llena de sus objetos personales (incluyendo pelo, uñas y cenizas); reliquias, joyas, semillas, hierbas, textos y en general objetos sagrados del Budismo Tibetano.

La Stupa es una imagen arquitectónica del cuerpo de un Buda sentado en un trono en estado de meditación. La base es el trono, sus piernas cruzadas ocupan los primeros cuatro escalones, su cuerpo es la estructura alargada y sus ojos están al nivel cuadrado en la base de la espiral sobre la que se extiende su corona.

Simultáneamente la Stupa representa las tres partes que componen el sendero del Dharma (enseñanza) hacia la iluminación y que son conocidas en el Budismo Tibetano como Hinayana, Mahayana y Vajrayana. Estas etapas de estudio se reflejan en la estructura en forma ascendente; desde la base, que generalmente ocupa una gran superficie, hasta la punta cuya forma se va haciendo más angosta. Los escalones inferiores hasta la base de la espiral representan el Hinayana, los primeros diez de los trece anillos de la espiral el Mahayana y finalmente el Vajrayana está simbolizado por los últimos tres anillos. Dichos anillos son los bhumis o niveles por los que los practicantes maduran en el camino a la Budeidad.

La Stupa también muestra la relación de los cinco elementos con la mente iluminada. El cuadrado de la base significa la tierra y la ecuanimidad, la base redonda representa el agua y la sabiduría como un espejo. La espiral simboliza el fuego y la compasión. Sobre la espiral está el aire y las acciones alcanzadas. Así la Stupa es un mandala tridimensional, donde los rituales tradicionales que se realizan en el lugar donde se va edificar, se comparan con los textos esotéricos necesarios para la construcción de un mandala.

La Stupa tiene un axis central –el centro del universo- y usa las formas geométricas fundamentales, cuya unión crea innumerables formas a través del cosmos. Por ello es considerada como representación de la arquitectura celestial. Sus formas simétricas corresponden a los movimientos del sol, la luna y la tierra; así como a los ritmos cíclicos del universo. Desde que se hace el plan de edificación, es orientada cuidadosamente con las cuatro direcciones fundamentales del espacio, “el cruce de los cuatro grandes caminos” al que Buda se refirió en sus instrucciones originales.

La tradición de la Stupa ha sido llevada a distintos sitios del mundo como un aspecto integral del Dharma que busca que las generaciones venideras mantengan una conexión estrecha con los grandes maestros del Budismo. En México a través de la extraordinaria iniciativa de su Director Marco Antonio Karam. La trascendencia de esa labor fue reconocida con la asistencia de uno de los líderes espirituales más importantes del pueblo tibetano, S.S. el XVII Gyalwa Karmapa Thaye Dorje; quién visitó por vez primera nuestro país en marzo para consagrar la Stupa. Además el proyecto estuvo contó con la colaboración de Wojtek Kossowski uno de los más reconocidos arquitectos de stupas en el mundo quién trabajó muchos años junto al gran maestro Lopön Tsechu Rimpoche en 17 stupas elaboradas en lugares como Alemania, Austria, Polonia, Dinamarca, Rusia, Suiza y España.

Se dice que las stupas tienen el poder de quitar obstáculos, promover la paz y armonizar el paisaje inmediato, por lo que también eran conocidas como montañas sagradas. No olvidemos que el camino es la montaña… así que despertemos y salgamos a andar.

Por: Alejandro Chávez Piedra Buena