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Dalai Lama: “Meditar me ha hecho más feliz”.

El siguiente texto es un fragmento del prólogo que escribió el Dalai Lama para “Felicidad genuina”, un libro del Dr. B. Alan Wallace, editado en España por ELEFTHERIA, 2017.


La meditación es un instrumento o técnica que sirve para moldear o transformar a la mente. Con la escasa experiencia que tengo en la meditación, siendo un simple monje budista, veo que a medida que envejezco muchos de los problemas que enfrento son más graves y mis responsabilidades más arduas, pero mi mente se vuelve cada vez más tranquila. El resultado de una mente calmada es que soy más feliz. Cuando enfrento problemas, mi paz mental se mantiene casi imperturbable. Esto, sin duda, es resultado de la meditación.

La meditación es importante como una herramienta para transformar a la mente. No debemos considerarla como algo religioso. Al igual que la compasión y el espíritu del perdón, yo la incluiría entre nuestras cualidades humanas positivas básicas. Cuando nacemos estamos casi libres de ideología, pero no estamos exentos de la necesidad de recibir afecto humano. Si bien todas nuestras tradiciones religiosas nos enseñan la compasión, el amor y el perdón, el espíritu de la armonía y el sentido de hermandad, eso no significa que si uno acepta el valor de la compasión o del perdón, deba abrazar la religión en su totalidad. 

Lo mismo pasa con la meditación: podemos usarla como un medio para fortalecer nuestras cualidades humanas positivas básicas.

En términos generales, nuestra conciencia suele sentirse atraída por las experiencias sensoriales físicas y los conceptos mentales. Con la meditación aprendemos a aislar la mente hacia el interior; no la dejamos que corra tras los objetos sensoriales. Sin embargo, no la aislamos hasta el punto de que caiga en el letargo. Debemos mantener un estado muy alerta y atento, de tal modo que surja la conciencia del estado natural de nuestra mente.  Se trata de un estado mental en el que la conciencia no es afectada por recuerdos y juicios sobre el pasado ni tampoco por expectativas, presagios, miedos o esperanzas. Por el contrario, nuestra mente permanece en un estado natural y neutral.

Cuando aislamos la mente de los objetos externos sucede que casi no podemos reconocerla como nuestra. Hay una especie de ausencia, una especie de vacuidad. No obstante, a medida que progresamos lentamente y nos acostumbramos a esa sensación, comenzamos a notar una claridad esencial, una luminosidad. Y es aquí cuando empezamos a actualizar y apreciar el estado natural de la mente.

Ahora bien, la tradición budista comprende muchas y muy diversas técnicas y prácticas.  Entonces, es muy importante saber cómo aplicarlas. Requerimos de un método equilibrado, que combine el estudio y el aprendizaje con las prácticas de contemplación y meditación. De otro modo, existe el peligro de que un exceso de intelectualización asfixie a las prácticas más contemplativas, y por otra parte, que demasiado énfasis en la práctica, sin estudio, mate al entendimiento.

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