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Si muero ahora, moriré sin miedo.

Lee gratis un fragmento del libro  Morir con Confianza, de nuestro maestro Anyen Rinpoché. Ed. Casa Tíbet México (2015), pp. 27-31.


Desde que tenía dos o tres años comencé a tener experiencias de muerte. Un día, una mujer llamada Kaki Padmatso, llegó a mi aldea. Me regaló una nuez con la cáscara pintada de rojo. Tal vez suena increíble a los oídos occidentales, pero después de que me dio ese regalo empezaron a sucederme cosas extrañas. A veces mi respiración se detenía por completo —y podría decirse que literalmente estaba muerto— durante varios minutos e incluso hasta media hora. Estas experiencias de muerte continuaron sucediendo durante tres años.

Fueron experiencias singulares en mi vida. Lama Chupur, el yogui dzogchen con grandes logros espirituales que me crió, no podía explicarse por qué me pasaban estas cosas. Pero se esforzó mucho en soltar mi vida de las tenazas de ese obstáculo. Aunque pudo ser una época de grandes temores para mí, las instrucciones que recibí me ayudaron a trabajar con cualquier miedo que hubiera podido sentir en otras circunstancias.

Un día, un pordiosero manco llamado Pasang Lhakto llegó a nuestra aldea. Mi madre me contó más tarde que Lama Chupur regaló a aquel hombre toda la comida que teníamos en nuestra humilde casa: mantequilla y maíz cocido al vapor. Mi madre por lo general es una persona muy generosa, pero aquel día la generosidad de Lama Chupur fue mayor que la de ella. “¿Qué está haciendo?”, le preguntó mi madre. Lama Chupur sólo sonrió y contestó: “Tu hijo ya no tendrá este obstáculo”. Y así fue. No volví a experimentar la muerte sino hasta muchos años más tarde.

Posteriormente sentí como si, de algún modo, las enseñanzas sobre la muerte y el morir, narraran las experiencias de mi niñez. Me di cuenta que contaba con un regalo increíble: Sé que lo que describen los textos budistas vajrayana acerca de la muerte es lo que un ser experimenta antes de que termine la respiración interna. Sé que las descripciones que se dan en las enseñanzas sobre los bardos, literalmente los estados intermedios, son exactas; y sé todo esto por experiencia propia. Por ello, mi confianza en esas enseñanzas jamás podrá ser sacudida.

En 1997 tuve otro encuentro con la muerte. Enfermé gravemente de pleuresía y mis pulmones empezaron a llenarse de líquido. Mi cuerpo se volvió muy pesado. El doctor chino, sin entrenamiento en ninguna de las técnicas de la medicina occidental, nunca antes había utilizado una aguja para sacar fluido de los pulmones, pero decidió hacerlo en ese momento; así que insertó una aguja grande en mi espalda. Nadie sabe con exactitud qué fue lo que tocó cuando metió la aguja, pero estuve inconsciente por más de una hora. Dejé de respirar durante cuarenta minutos.

Puedo asegurarles que cuando se está inconsciente y sin respirar es muy difícil reconocer que uno está muriendo y que necesita continuar practicando el darma. Conforme empecé a experimentar las etapas posteriores a la muerte, me vi envuelto en una negrura densa. No sé en qué momento, pero de repente recordé a mi maestro en lo más profundo de mi corazón y comencé a recitarle plegarias. Me sentí lleno de devoción y me dije: “Si muero ahora, moriré sin ningún temor. Pero si sobrevivo, me alegraré de contar con esa oportunidad”. Al recordar que aún tenía trabajo que realizar para el darma y todos los seres, pensé: “Viviré y voy a regresar”. Con ese pensamiento pude despertar de nuevo.

Puedo decirles que resulta extremadamente difícil recordar la práctica en esos momentos. También puedo compartirles que en ocasiones es incluso posible “regresar a la vida” si reconocemos el estado de la muerte y ejercemos en ese momento nuestro anhelo de vivir.

A lo largo de mi vida he recordado tales experiencias una y otra vez. A menudo reflexiono en la muerte y el proceso de morir y eso me ha inspirado a trabajar en proyectos que apoyen a las personas que se preparan para la muerte. Creo que si los practicantes tienen la misma convicción sobre lo que les sucederá durante el proceso de morir que tuve yo, se sentirán más inspirados a practicar. Resulta tan útil y práctico saber lo que pasará cuando llegue la muerte; es como un mapa de carreteras. Después de todo, ¿quién no pediría instrucciones claras y precisas antes de viajar a algún lugar que no conoce?

Todos sabemos que la muerte es segura —a fin de cuentas, nadie puede evitarla—. Lo que olvidamos con frecuencia es que la muerte puede llegar en cualquier momento. Para los budistas, el momento de nuestro fallecimiento constituye la oportunidad más poderosa para practicar. De hecho, es la oportunidad crucial para alcanzar el despertar o un renacimiento positivo. Es por ello que la práctica de la meditación en el budismo es en realidad practicar para el momento de la muerte. Te entrenas para contar con la plena atención y la claridad en el instante en que estás muriendo, de manera que tengas la confianza de estar preparado para emplear las experiencias posteriores a la muerte a fin de lograr el mejor renacimiento posible o la liberación absoluta y perfecta.

Debemos redefinir el sentido de nuestra práctica, de manera que podamos cultivar un sentimiento de alegría con respecto al momento de la muerte. Si practicamos lo suficientemente bien en nuestra vida, la experiencia de la muerte será la mejor oportunidad de obtener el resultado más poderoso de todas las aspiraciones y prácticas que hemos cultivado a lo largo de nuestra vida de darma Si estamos bien preparados, puedo prometer que el momento de morir será una experiencia de regocijo. De no estar preparados, de seguro será un momento de miedo y remordimiento. Si pensamos en la muerte de esta manera, nos sentiremos muy motivados a practicar todos los días.

Algunos piensan que contemplar su propia muerte los llenará de tristeza. Preferirían no pensar en ella. Sin embargo, para un meditador eso es un gran error. Al evitar pensar sobre la realidad y el momento de morir perdemos una oportunidad para motivarnos de verdad a practicar. Hemos de reflexionar en nuestras vidas: tal vez nos quede poco tiempo. ¿Tenemos la confianza y las herramientas para morir sabiamente? ¿Hemos hecho todo en nuestras manos para practicar de manera adecuada? Aunque planeemos ahora cómo nos gustaría morir y expresemos nuestros deseos a familiares y amigos, tal vez no sea posible contar con alguien junto a nosotros para recordarnos qué hacer. Es nuestra responsabilidad estar preparados. Nadie puede hacerlo por nosotros.

Hay una metáfora en los textos tibetanos la cual dice que alguien que recibe enseñanzas, pero no logra una experiencia a través de la práctica, es como un campesino que no cultiva sus propios campos, incluso si constantemente les dice a los demás cómo cultivar los suyos.

Las personas reciben hoy en día muchas enseñanzas, pero al momento de su muerte, ¿han logrado tener la suficiente experiencia de ellas para morir bien? Si no nos planteamos de nuevo cómo estamos viviendo e invirtiendo nuestra energía en cuanto a la práctica seremos como el campesino que no tendrá nada para comer cuando arribe nuestra cosecha.


SInopsis del libro:

En este libro, el maestro Anyen Rinpoché expone la visión budista de los principios fundamentales de la vida y de la muerte. Enseñanzas que apuntan al momento exacto del morir como la oportunidad más clara para el despertar. Al entender la muerte como parte de la vida y al contemplar la impermanencia de todos los fenómenos, podemos disfrutar de una vida más compasiva y satisfactoria. Este tipo de entendimiento es fundamental para poder desarrollar la confianza necesaria para nuestra práctica diaria: “Si estamos debidamente preparados”, Rinpoché nos dice: “les puedo prometer que el momento de la muerte será una experiencia de regocijo”.

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