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La mente desde la perspectiva budista

Compartimos a continuación material de estudio del Dr. Alexander Berzin, traducido al español especialmente para nuestra comunidad.


La mente desde la perspectiva budista

Por el Dr. Alexander Berzin

La mente como actividad mental

¿A qué nos referimos en realidad cuando hablamos de “mente” en el budismo?

Esto puede ser muy confuso, porque las palabras que se utilizan en nuestros idiomas occidentales para traducir “mente” abarcan cosas ligeramente distintas. En francés o en alemán, por ejemplo, esprit y Geist no solo abarcan lo que en inglés se llama “mind” y en portugués “mente”, sino que además implican el concepto de espíritu. De hecho, ¡la palabra alemana se utiliza también para “fantasma”! Así que para evitar malentendidos, necesitamos revisar qué significa la palabra “mente” en los idiomas indio y budista tibetano originales.

Primero que nada, la mayoría de los idiomas occidentales distinguen entre mente y corazón. La “mente” implica el lado racional, intelectual; el “corazón” se encarga del lado emocional e intuitivo, y quizás también del lado irracional. Sin embargo, en la terminología budista no existe tal separación: solo hay una palabra que cubre ambos. “Mente” no solo incluye ambos lados, sino que también abarca todos los aspectos de la percepción y todas las demás formas de conocer algo, como la inferencia, la suposición, etc.; todas éstas son también parte de lo que en el mundo budista se conoce como “mente”.

Aún más radicalmente diferente es el hecho de que, en el contexto budista, “mente” no se refiere a una cierta “cosa” que tiene como función percibir, pensar o sentir. En lugar de ello, “mente” se refiere a la actividad mental misma. Recordemos que cuando decimos “mente” en este contexto nos referimos tanto a los sentidos como al pensamiento. No hay una “cosa” real, física o incluso inmaterial, que esté dentro de nuestra cabeza, que podamos señalar y decir: “esta es la mente”. Por supuesto que podemos describir la actividad mental desde la perspectiva de la fisiología del cerebro y el sistema nervioso, pero cerebro no es lo mismo que mente. En el budismo, mente se refiere a la actividad mental desde el punto de vista de la experiencia subjetiva.

La actividad mental es algo que va de un momento al siguiente y al siguiente, sin interrupciones, sea que estemos despiertos o dormidos, e incluso cuando estamos inconscientes; es tanto individual como subjetiva. Es muy importante reconocer esto. No estamos hablando de una especie de mente universal, una conciencia universal o algo parecido. La actividad mental de cada uno es individual. Si estoy feliz eso no significa que tú estás feliz. Si tengo hambre, eso no significa que tú tengas hambre. Si un grupo de personas ven la misma película al mismo tiempo, cada una de sus experiencias de la película será bastante diferente: a algunos les gustará, a otros les aburrirá y otros la odiarán. Así que tenemos que concluir que esa actividad mental es tanto individual como subjetiva, no algo colectivo.

Las características definitorias de la mente

Si queremos saber con mayor precisión qué es la actividad mental (en otras palabras, qué es “experimentar algo de forma individual y subjetiva”) necesitamos revisar sus características definitorias. Se da en tres palabras, cada una de las cuales es una forma de describir un momento de actividad mental desde un punto de vista diferente. Las tres palabras por lo general se traducen como “mera” (lo cual significa “solamente”), “claridad” y “darse cuenta”.

Es crucial entender lo que estas tres palabras realmente significan. De lo contrario, cuando en las meditaciones avanzadas, tales como el mahamudra, se nos pide que nos enfoquemos en nuestra mente, podemos tener una idea distorsionada de qué hacer. Como al pensar en manzanas cuando deberíamos pensar en naranjas, es posible que nos enfoquemos en algo completamente inapropiado y eso no nos ayudará en nada. Así que revisemos estas características definitorias una por una.


Claridad

La claridad, como una característica de la actividad mental, es una forma de describir lo que hace la actividad mental. No se refiere a qué tan clara o enfocada está nuestra mente, y ciertamente no habla de un cierto tipo de luz en nuestra cabeza que ilumina las cosas. En lugar de ello, “claridad” se refiere a la actividad mental de dar surgimiento a la apariencia mental de algo. El surgimiento de una apariencia mental se describe en tibetano como la salida del sol.

Lo que surge con la actividad mental es una representación mental, como un holograma mental de algo que estamos percibiendo, por ejemplo, algo visible. Cuando vemos algo, los fotones golpean nuestra retina; son convertidos en impulsos eléctricos y señales químicas, y lo que experimentamos es el surgimiento de una imagen mental (algo parecido a un holograma mental). Pero no hay ubicación de ese holograma. No podemos encontrarlo si disecamos el cerebro y tampoco hay un órgano inmaterial llamado “mente” en donde podamos encontrar este holograma. Solo “surge” como el sol.

El holograma mental no necesariamente es visual, puede ser de cualquier objeto sensorial. Por ejemplo, puede ser la representación mental de un sonido. Cuando escuchamos algo, las vibraciones del aire golpean el tímpano y, nuevamente, son convertidas en impulsos eléctricos y señales químicas. Como resultado, experimentamos un sonido mental. Pero no podemos localizar ese sonido en nuestra cabeza, ¿o sí? Cuando pensamos, recordamos o soñamos algo, eso también implica el surgimiento de hologramas mentales.

Darse cuenta

La segunda característica definitoria, “darse cuenta”, describe exactamente la misma actividad mental que “claridad”, pero desde un punto de vista diferente. Se explica en tibetano con la palabra “involucrarse”. La actividad mental se involucra cognitivamente con algo. Por ejemplo, hay un objeto frente a nosotros, como una mesa, y la forma en que nuestra actividad mental se involucra cognitivamente con ella es viéndola. ¿Cómo lo hace? Dando surgimiento al holograma mental de ella. En otras palabras, solo hay una actividad mental, simplemente es descrita desde dos puntos de vista: involucrarse cognitivamente con algo y dar surgimiento a un holograma mental de algo.

“Involucrarse cognitivamente” con un objeto es un compuesto de muchas partes. No solo podría ser ver algo, escuchar algo o pensar en algo, sino que al mismo tiempo puede ser: saber o no saber lo que algo es, entender o no entender lo que alguien dice, o que tal cosa nos guste o nos disguste. Al mismo tiempo, también podemos sentirnos felices o infelices como parte nuestra experiencia de algo. Involucrarse cognitivamente con algo también incluye sentir una emoción hacia ese algo, positiva o negativa. Así que “darse cuenta” no solo significa ser consciente de algún objeto. No prestarle atención a lo que alguien está diciendo e incluso sentir hostilidad a nivel inconsciente hacia la persona, también son involucramientos cognitivos.

Es importante darnos cuenta de que involucrarse cognitivamente con algo y dar surgimiento a un holograma mental de ese algo son solo una actividad, descrita desde dos puntos de vista. Piensen en ello: no sucede que primero surja un pensamiento y luego lo pensemos. El surgimiento del pensamiento y el hecho de pensar ese pensamiento son la misma cosa. De manera similar, no es que primero surja el sonido mental de una oración y luego la escuchemos. El surgimiento de la representación mental y el acto de escuchar son la misma actividad.

Mera

La tercera característica definitoria de la actividad mental, “mera”, implica que el surgimiento y el involucramiento son lo único que sucede. No hay un “yo” concreto que pueda encontrarse separado de la actividad mental, haciendo que ésta suceda o solo observándola. Y no hay una “mente” concreta que se pueda encontrar, como una “cosa” que esté separada de todo el procedimiento y que esté llevando a cabo la actividad. No es que haya un “yo” sentado en nuestra cabeza en el panel de control de la máquina llamada “mente”, presionando los botones de tal forma que ahora los obturadores de los ojos se abren y podemos ver, y luego encendemos los micrófonos de los oídos y escuchamos. No es así. 

Esto no significa que no existamos ni que no estemos viendo o pensando. Yo estoy pensando, no tú. Pero ese “yo” que está pensando es solo otra forma de describir a la actividad mental individual y subjetiva. Así como dar surgimiento a un holograma mental de algo e involucrarse cognitivamente con él no están ni separados el uno del otro ni son idénticos, lo mismo sucede con el “yo” involucrado en la actividad mental.  El “yo” no está separado de ni es idéntico al surgimiento y al involucramiento, sino que es solo otra forma de describir la misma actividad mental.

El beneficio de entender qué es la mente

Entender de forma correcta lo que es la mente nos permite trabajar con las enseñanzas del Buda sobre las cuatro verdades nobles a un nivel profundo. El verdadero sufrimiento (la infelicidad, la felicidad ordinaria o el sentimiento neutro de un trance profundo) es una parte de nuestro darnos cuenta de la realidad, así como lo es la causa verdadera del sufrimiento, nuestra ignorancia de no conocer la realidad de forma correcta. Tanto el sufrimiento como la ignorancia son, pues, partes de nuestra actividad mental.

Una verdadera cesación del sufrimiento y de la ignorancia se refiere a cuando nuestra actividad mental está completamente libre de estos dos. Dado que el sufrimiento y la ignorancia no son características definitorias de la actividad mental, no son innatas a esa actividad y pueden ser eliminadas para siempre. Las únicas características definitorias de la actividad mental son “mera claridad y darse cuenta”.

El camino verdadero se refiere al tipo de darse cuenta que puede dominar y liberar a nuestra actividad mental del sufrimiento y la ignorancia. Este es el darse cuenta que discrimina que entiende la verdadera naturaleza de la realidad; en otras palabras, la sabiduría de la vacuidad (vacío). El darse cuenta que discrimina es también una parte de la actividad mental: es una forma de darse cuenta de algo.

En resumen, todas las enseñanzas del Buda pueden ser entendidas en términos de la actividad mental, en términos de “mente”. Sin importar qué estemos experimentando, sufrimiento o liberación, solo es actividad mental. Al saber esto, obtenemos convicción en torno a que la principal tarea en el budismo es trabajar con nosotros mismos, trabajar con nuestra mente. 

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