Meditación al volante

On 5 febrero, 2013 by Javier Tinajero Rodríguez
 

 Por Thich Nhat Hanh:

En Vietnam, hace cuarenta años, fui el primer monje que anduvo en bicicleta. En ese tiempo no era considerada una cosa muy propia de un monje. Pero hoy en día, los monjes andan en moto y manejan autos. Debemos mantener nuestra práctica de meditación al día y responder a la situación real del mundo, así que he escrito unos versos muy simples que se podrías recitar antes de encender el motor:

Antes de darle arranque al motor,
sé a dónde me dirijo.
El auto y yo somos uno.
Si el auto va rápido, yo voy rápido.

A veces no necesitamos usar el auto en realidad, pero porque deseamos escapar de nosotros mismos, vamos a dar una vuelta. Sentimos que hay un vacío en nuestro interior, y no queremos enfrentarnos con él. No nos gusta estar tan ocupados, pero cada vez que tenemos un momento libre, tenemos miedo de estar a solas con nosotros mismos. Queremos escapar. O encendemos la televisión, levantamos el teléfono, leemos una novela, salimos con un amigo o nos subimos al auto y vamos a algún lado. Nuestra civilización nos enseña a actuar de esta forma y nos provee de muchas cosas que podemos utilizar para perder el contacto con nosotros mismos. Si recitáramos este poema antes de darle arranque al coche podría actuar como una linterna, y quizás veamos que no hace falta ir a ningún lado. A cualquier lugar que vayamos, nuestro “ser” estará con nosotros; no podemos escapar. Así que probablemente sea mejor y más agradable no encender el motor, y en cambio salir a dar una caminata de meditación.

Se dice que en los últimos años dos millones de millas cuadradas de bosque han sido destruidas por la lluvia ácida, en parte por nuestros autos. “Antes de poner el auto en marcha, sé adónde me dirijo” es una consideración profunda. ¿A dónde iremos? ¿A la propia destrucción? Si mueren los árboles, nosotros los humanos también moriremos. Si el viaje que vamos a realizar es necesario, por favor ni lo dudemos. Pero si vemos que no es realmente importante, se puede sacar la llave de encendido e ir a dar una caminata cerca del río o por una plaza. Así volveremos a nosotros mismos y renovaremos nuestra amistad con los árboles.

Manejar un auto es una tarea diaria en esta sociedad. No estoy sugiriendo que se deje de manejar, sino que simplemente se lo haga conscientemente. Cuando manejamos, sólo pensamos en la llegada, por lo que cuando vemos un semáforo en rojo no estamos muy contentos. La luz roja es una especie de enemigo que nos impide llegar a una meta. Pero también es posible ver a esa luz roja como una campana para el recuerdo de sí, haciéndonos acordar de volver al momento presente. Se convierte en una amiga que nos ayuda, al recordarnos, que sólo en el momento presente se puede vivir la vida.