Crónica: Visita de Lama Tsultrim Sangpo a la prisión de mujeres en Querétaro, por Emiliana Rodríguez
El lunes 25 de abril el centro penitenciario femenil de Querétaro abrió sus puertas a Lama Tsultrim Sangpo.
Tras franquear algunas rejas y con la grata sorpresa de atravesar instalaciones limpias y adornadas con un patio central y floreados jardines, llegamos a un salón de usos múltiples donde alrededor de 16 reclusas esperaban curiosas al Lama.
El salón era amplio y luminoso, saturado con el aroma del café que humeaba en su jarra. Las reclusas impecablemente arregladas saludaron con gran deferencia al Lama y él tomo asiento tras una mesa adornada con flores especialmente preparada para él. Tras una breve presentación de los organizadores, Lama Tsultrim expresó su agradecimiento y placer de compartir ese momento con las presentes e inició una sensible charla.
Este afortunado encuentro sucedió gracias al trabajo que desde hace seis meses tiene lugar en este recinto. Cada lunes, un grupo de reclusas de todas edades asisten voluntariamente a una clase guiada por los coordinadores y otros miembros de la comunidad de Casa Tíbet Querétaro, donde les han enseñado a trabajar constructivamente con sus emociones y su atención a través de las técnicas meditativas del shamata (atención sostenida) y de los cuatro inconmensurables (amor bondadoso, compasión, gozo empático y ecuanimidad). Los resultados de este trabajo son espectaculares.
Lama Tsultrim eligió como tema central de su charla el lojong o entrenamiento mental. Comenzó por hacer notar cómo la experiencia de encierro y aislamiento característicos de la vida en prisión, que en general se considera como una situación desafortunada, puede vivirse como una gran oportunidad para el desarrollo espiritual. Tanto es así ,que muchos practicantes budistas que desean profundizar en el entrenamiento de su mente y corazón, a propósito eligen pasar un tiempo de sus vidas en retiro, donde se comprometen a permanecer en un solo sitio sin salir y sin comunicarse con el exterior, dedicados completamente a su práctica espiritual.
A través del lojong aprendemos a transformar la adversidad en el sendero espiritual, y la práctica principal de este entrenamiento es el tonglen o el tomar y el dar. Tras explicar cómo se realiza esta práctica, Lama Tsultrim invitó a las presentes a llevarla a cabo en todo momento con una mente y corazón movidos por la compasión.
A continuación se inició un activo diálogo, en el que varias reclusas hicieron preguntas sobre el karma, la meditación, cómo purificarse, entre otras. El diálogo fue animado, abierto, respetuoso y sumamente cálido. Muchas de las reclusas expresaron el agradecimiento que sentían hacia todos los voluntarios que desde hace meses les enseñan estas técnicas para trabajar con sus mentes y corazones. Una mujer, por ejemplo, compartió cómo aprendió a trabajar con su enojo. Dijo que el cambio que había experimentado era tan grande que lo podían percibir también sus familiares y amigos, quienes no la reconocían al hablar por teléfono, ahora que puede estar mas tranquila y sin tanta agresión. Ella se sentía maravillada y segura del inmenso poder de la mente, pues tras haber practicado amor bondadoso hacia la persona que la demandó y por quien fue a la cárcel, esta persona le otorgó el perdón y su sentencia se redujo a la mitad del tiempo estipulado.
Las preguntas y agradecimientos continuaron, se sentía tanta emoción en el ambiente que Lama Tsultrim ofreció darles una bendición con una estatua de Tara Verde. Todas las presentes accedieron felices.
Con su hermosa voz Lama Tsultrim llenó el recinto con las bendiciones del mantra de Tara Verde mientras tocó con su estatua la coronilla de la cabeza de cada una de las reclusas, quienes aguardaron su turno con las manos unidas a la altura del corazón.
Finalmente llegó la hora de despedirnos, conmovidos y maravillados del increíble trabajo altruista que realizan nuestros amigos de Querétaro y el inmenso poder del Dharma.
“Que todos los seres tengan felicidad y sus causas,
que se liberen del sufrimiento y de sus causas,
que experimenten el gozo supremo libre de sufrimiento,
y moren en la gran ecuanimidad, libres de apego y
aversión por aquellos cercanos y lejanos.”







