Procesos educativos para reforzar el núcleo familiar

On 16 enero, 2012

Entrevista a Marco Antonio Karam, presidente y fundador de la Casa Tibet México, por Fabián Guerrero.

“Nadie vive ni se hace solo… el núcleo familiar ejerce en nosotros una fuerza formativa fundamental”, sostiene Marco Antonio Karam quien, entrevistado para La Familia Cristiana, reflexiona sobre puntos esenciales acerca el individuo y la familia.

El presidente y fundador de la Casa Tibet México (www.casatibet.org.mx), un hombre profundamente espiritual y generoso, nos recibió para darnos su visión de la familia, del diálogo interreligioso y para trazar algunos caminos que nos permitan construir un mundo mejor.

En su reciente visita, el Dalai Lama (DL) habló de construir una ética laica, ¿podrías explicarnos este concepto?

El DL contempla que muchos de los conflictos que se han dado a través de la historia están ligados a posturas extremistas religiosas, ideológicas, espirituales, etc. Y que en oposición a una orientación de esta naturaleza, las tradiciones espirituales deben hacer un esfuerzo por encontrar elementos en común, que les permitan establecer un diálogo ecuménico. Todas plantean como una meta fundamental la búsqueda de la felicidad duradera, genuina; la trascendencia del dolor y el sufrimiento que aqueja a los seres humanos y, en ese contexto, tienen mucho que compartir. Lo que el DL señala es que vivimos en una sociedad secular en donde es esencial plantear un modelo de ética alternativo, que no sea contradictorio al de las tradiciones espirituales sino que las complemente y que pueda ser objeto y guía de transformación para la sociedad contemporánea: a eso es a lo que llama una ética secular. Ésta se basa en el principio de la responsabilidad universal. La exploración en torno a que lo que nosotros hacemos, decimos y pensamos genera consecuencias de las que nos hacemos responsables: somos los arquitectos de la experiencia que tenemos del mundo en el que vivimos y recae en nosotros construir un mundo que pueda facilitarnos y nos pueda proveer de cierto tipo de bienestar, aunque sea primario; comprender que nuestras acciones generan consecuencias y que nuestras acciones son expansivas: una pequeña acción puede crear grandes consecuencias para bien y para mal, y que cuando llevamos a cabo una acción, el efecto de la misma no se desvanece solo, a menos de que nosotros apliquemos fuerzas de oposición que nos permitan transformar ese vector de fuerza moral.

¿Cómo ves la situación de la familia en la actualidad?

Para la tradición budista, al igual que para la tradición cristiana, la familia es una estructura fundamental, es la que alberga al individuo en su proceso de desarrollo, la que le aporta, instruye y condiciona en sus valores primarios elementales, la que le da seguridad o, por el contrario, que lo fragmenta desde una edad temprana. Muchos de los problemas de la descomposición social que hoy nos aqueja son el resultado de la desestructuración del núcleo familiar. Esto es algo que heredamos, en buena medida, de las culturas sajonas, específicamente la norteamericana, que tiene un efecto muy fuerte en nosotros y que se exacerba con el modelo de consumo de la vida moderna. Desde esta óptica, algo que debe ser prioritario es recuperar y fortalecer el núcleo familiar a través del proceso educativo y formativo, que no tiene que ser religioso sino laico, y exaltar la importancia del núcleo familiar como el fundamento y esencia de la sanidad psicológica del individuo.

¿Cuál tendría que ser el paso más sencillo para comenzar?

Que dentro del núcleo familiar reconozcamos que todos somos seres que vivimos como resultado de una conexión de interdependencias, que nadie vive ni se hace solo y que el núcleo familiar ejerce en nosotros una fuerza formativa fundamental; reconocer que los padres tenemos un vínculo de responsabilidad con nuestros hijos, y que lo menos que podemos intentar aportarles son herramientas para vivir una vida de sanidad y equilibrio emocional y psicológico: eso se da con amor.

¿Cómo hacer que esa interdependencia no se convierta en dependencia, cómo diferenciar el apego del amor?

El amor es el descubrimiento de que el otro, como yo, desea ser feliz, y que ambos lo merecemos, y hacer lo necesario para contribuir al bienestar genuino del otro, que es lo que lo distingue del apego, que se basa en una serie de proyecciones fantasiosas y equivocadas. ¿Cómo se distingue en el núcleo familiar? Cuando los padres buscan la felicidad de sus hijos y al mismo tiempo promueven su libertad. El apego se manifiesta cuando los padres se aferran a sus hijos y lo hacen porque contemplan que éstos son responsables de su propio bienestar y, por lo tanto, no los dejan ir y los encapsulan y los restringen porque piensan que su cercanía es fundamental para su propio bienestar, lo cual es falso.

Por eso es tan importante que se construya a nivel comunitario un instrumento formativo, que le permita a la familia contar con un cierto apoyo terapéutico basado en la promoción de valores, cualidades y actitudes humanas fundamentales como la amabilidad, la interdependencia, el respeto, la honestidad, la paz, la no violencia. Creo que hace falta y es muy importante desarrollarlo en la sociedad de hoy.

¿Qué impide que afloren esos valores fundamentales?

Los condicionamientos neuróticos de los que somos presa en la sociedad moderna, la información inadecuada, los procesos antieducativos a los que el niño se ve expuesto a través de la mercadotecnia de la sociedad de consumo, los falsos valores que ésta proyecta y cosas de esa naturaleza. En el caso de la Casa del Tibet estamos comprometidos con esa formación ética secular que creemos es fundamental para el mundo que hoy vivimos, y que muchos de los problemas por los que hoy atravesamos pueden superarse si se atacan estos conflictos.

Fuente: http://www.lafamiliacristiana.com.mx

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