Balanceando la mente, por Emiliana Rodríguez
El trabajo de Jon Kabat-Zinn y su exitoso programa de reducción de estrés basado en el cultivo de una atención libre de juicios que mora en el presente (mindfulness based stress reduction), ha servido de inspiración para que muchos investigadores tanto en el ámbito terapéutico como en las neurociencias continúen con esta línea de investigación.
Como resultado de estos estudios se ha evidenciado la capacidad humana de entrenar la mente y con ello influenciar en forma positiva nuestras funciones cognitivas, afectivas y biológicas.
Sin embargo, la popularización de estas técnicas de entrenamiento mental ha resultado también en la simplificación de las técnicas en sí mismas y su contexto, así como en una exageración de los beneficios que conllevan.
En consecuencia, al presentar estas técnicas , basadas únicamente en el morar en el presente libres de juicios, como la panacea que cura todos los males se ignoran aspectos de la mente que también pueden ser entrenados y los grados y potenciales que la profundización en el cultivo de la atención pueden traer, devaluando el gran avance que se ha hecho en la investigación del entrenamiento mental.
En el artículo sobre los principios de la ciencia contemplativa, el Dr. Alan Wallace afirma que el florecimiento psicológico del cuál emerge la felicidad genuina proviene de la salud y balance mental. Este balance lo define en términos de desbalances en diferentes aspectos de la mente, evidenciando la necesidad de diferentes tipos de estrategias para contrarrestarlos.
A continuación resumiré la exposición que hace de este tema el Dr. Wallace en su libro Ciencia Contemplativa.
- Introducción
Bajo la premisa de que tal como el dolor físico es síntoma de enfermedad física o lesión, el malestar mental es generalmente un síntoma de desbalances mentales, en este artículo se definirán cuatro tipos de estos desbalances, cuyo resultado general es una insatisfacción constante.
Ignorando los recursos internos para encontrar felicidad genuina, este malestar recurrente es usualmente aliviado de manera superficial y temporal por estímulos placenteros físicos y mentales, que puede incluir el uso de psicotrópicos. Como consecuencia vivimos en una sociedad donde la gente se hace adicta a los estímulos placenteros, o a los supresores químicos de la insatisfacción, que cuando se retiran la consecuencia es que el sentido de bienestar desaparece.
Desde la perspectiva de la ciencia contemplativa, el objetivo primario y pragmático de la psicología es identificar los procesos y estados mentales que conducen a perpetuar tanto el sufrimiento, como la felicidad genuina.
Con este espíritu a continuación definiremos el balance mental respecto a tipos específicos de desbalances a los que la gente normal y en general considerada relativamente sana es comúnmente propensa.
Hablaremos de cuatro tipos de desbalances, donde cada uno corresponde a una particular forma de relación del individuo consigo mismo, los demás y con el entorno. Estos son: conativo, de atención, cognitivo y afectivo. Y para cada uno se identificarán desbalances en términos de déficit, hiperactividad y disfunción.
- Desbalances conativos
“Conativo” es un adjetivo que se refiere a las facultades de deseo y volición. Los desbalances conativos constituyen formas en las que nuestros deseos e intenciones nos alejan del florecimiento psicológico, propiciando malestar[1].
El déficit conativo se manifiesta como una sentimiento de apatía y pérdida de la voluntad de aliviar nuestro sufrimiento y el de otros, así como de encontrar un mayor bienestar.
Por el contrario, cuando somos presas de deseos obsesivos que nos impiden disfrutar del momento presente y constantemente nos encontramos fantaseando sobre el futuro o reviviendo deseos insatisfechos, padecemos de hiperactividad conativa.
Finalmente, la disfunción conativa ocurre cuando nuestros deseos no propician nuestro bienestar ni el de otros, mientras que rechazamos aquello que sí lo hace.
Shantideva expresó esta tendencia de la siguiente manera: Aquellos que quieren escapar del sufrimiento se arrojan hacia su propia miseria. Con el deseo de felicidad, debido a la ignorancia destruyen su propio bienestar como si fuera su enemigo.
Por lo tanto, para superar este tipo de desbalance conativo es importante preguntarnos: ¿Qué tipos de bienes o situaciones conducen al florecimiento psicológico y son causas de genuina felicidad?
El psicólogo Tim Passer, en su libro El alto precio del materialismo concluye:
” La investigación científica que a la fecha se ha hecho sobre el valor del materialismo arroja descubrimientos claros y consistentes. La gente que está muy enfocada en valores materialistas tiene menor bienestar personal y salud psicológica que aquellos que creen que los objetivos materialistas tienen relativamente poca importancia. Estas relaciones han sido documentadas con muestras en un amplio rango de personas, desde ricas a pobres, desde adolescentes hasta ancianos, y desde australianos hasta surcoreanos”.
Varias tradiciones psicológicas y contemplativas han desarrollado métodos para contrarrestar los desbalances conativos. En una aproximación general la apatía se contrarresta reconociendo la posibilidad de felicidad genuina, el deseo obsesivo con el cultivo de la satisfacción, y los deseos erróneos reconociendo las causas verdaderas de la felicidad y nuestra vulnerabilidad al sufrimiento. Todas ellas sobre el reconocimiento fundamental de que existimos en dependencia de los demás, y por lo tanto el bienestar no puede surgir desligado del de otros.
- Desbalances de atención
Actualmente se reconoce que una persona con un fuerte desbalance de la atención no es psicológicamente saludable. Sin embargo, estos desbalances ocurren constantemente en diferentes niveles en las personas consideradas como normales o sanas. El déficit de atención, que corresponde a lo que en la tradición contemplativa del budismo se refiere a laxitud, se caracteriza por la inhabilidad para enfocarse en un objeto elegido. La mente está obnubilada y deja de darse cuenta incluso de sus procesos internos.
La hiperactividad de la atención, en el budismo clasificada como excitación, ocurre cuando nos distraemos compulsivamente. La mente se engancha con demasiada facilidad a sucesos tanto externos como internos y nuestra atención es continuamente fragmentada.
Cuando la atención se enfoca sostenidamente en objetos que no son conducentes para nuestro bienestar o el de otros, padecemos de una disfunción de la atención y usualmente va acompañado de un desbalance conativo. Por ejemplo, un adicto al sexo puede ver a otros solo como objetos sexuales, y un vendedor puede involucrarse mentalmente con otros solo en términos de su voluntad para comprar un producto.
Remediar estos desbalances es vital para poder dirigir nuestra mente de manera efectiva hacia la búsqueda de felicidad genuina y el cultivo de la sabiduría y la virtud. Shantideva escribe al respecto: “uno debe estabilizar la mente en concentración meditativa, pues una persona con una mente distraída vive entre las fauces de las aflicciones mentales”.
Estos desbalances se remedian con el cultivo de dos cualidades: la recolección , o la habilidad de sostener continuamente atención voluntaria sobre un objeto familiar, sin olvido o distracción; y la habilidad de monitorear la calidad de la atención (meta-atención), para reconocer rápidamente si ha sucumbido a la excitación o la laxitud.
- Desbalances cognitivos
Una persona con un desbalance cognitivo serio ha perdido contacto con la realidad y comúnmente se le diagnostica algún tipo de psicosis. La gente normal también es propensa a desbalances cognitivos, que son la raíz de mucho malestar mental. Tales desbalances son generalmente considerados como intrínsecos a la naturaleza humana, pero esto es una presuposición que pide ser reconsiderada con investigación empírica y rigurosa.
Un déficit cognitivo se caracteriza por el fracaso a percibir lo que está presente en los cinco campos sensoriales y en la mente. Somos incapaces de percibir lo que sucede a nuestro alrededor e incluso en nuestro interior. Por ejemplo, cuando llegamos al final de la página de un libro y nos damos cuenta de que no tenemos idea de lo que acabamos de leer.
Bajo el influjo de la hiperactividad cognitiva confundimos nuestras proyecciones conceptuales con la experiencia realmente percibida. Un ejemplo extremo es el de los psicóticos y las alucinaciones. La gente normal es más discreta, pero la mayoría de nosotros estamos en algún punto del espectro de hiperactividad cognitiva. Por ejemplo, cuando estamos seguros de haber realizado una acción (como guardar nuestras llaves en cierto lugar) pero sólo pensamos que lo hicimos y de hecho la acción no se llevó a cabo.
Finalmente, la disfunción cognitiva ocurre cuando no logramos aprehender la realidad correctamente, ya sea a consecuencia de defectos en nuestros sentidos físicos o por inhabilidad para interpretar lo que sucede.
Estas disfunciones se remedian con el cultivo de una atención discriminativa, en la cuál nos entrenamos a morar en el presente. La atención se dirige a lo que se le presenta a los sentidos físicos y también se es conciente de los fenómenos que ocurren en el campo mental. Actualmente estas técnicas están siendo exploradas en el ámbito terapéutico. El trabajo de Jon Kabat-Zinn y su exitoso programa de reducción de estrés basado en la atención ha sido fundamental para el desarrollo trabajos posteriores en este tema.
Cabe señalar que aunque estos estudios son de gran relevancia, como hemos señalado los desbalances mentales no se limitan los cognitivos y de atención, sino que también están los conativos y afectivos, para los cuales se necesitan herramientas que involucren el cultivo emocional y de sabiduría para remediarlos.
- Desbalances Afectivos
Usualmente, los desbalances afectivos se manifiestan como el producto de desbalances conativos, de atención y cognitivos.
Un déficit afectivo presenta los síntomas de una muerte emocional interior, y un sentido de fría indiferencia hacia otros. La hiperactividad afectiva se caracteriza por alternar excitación y depresión, esperanza y miedo, adulación y enojo, apego obsesivo y hostilidad. La disfunción afectiva ocurre cuando las respuestas emocionales son inapropiadas a las circunstancias, tal como regocijarse del sufrimiento de alguien más.
Además del cultivo de la atención, en el budismo se pone especial énfasis en otra técnica contemplativa diseñada para balancear nuestra mente y cultivar emociones que nos ayuden a nuestro florecimiento psicólogico. Aunque tomadas del budismo, estas prácticas no están imbuidas en ningún marco filosófico o religioso en particular por lo que son efectivas para cualquier persona, y en esencia se contrarresta el deseo obsesivo con amor bondadoso, la indiferencia con compasión, la depresión con gozo empático, y los prejuicios con ecuanimidad.
Tal como el cambiar de combustibles fósiles a energía solar, tenemos la oportunidad de alejarnos de la confianza obsesiva en los estímulos placenteros y voltear hacia el cultivo de salud mental excepcional como la base de la felicidad.
Una hipótesis fundamental para el cultivo de un balance mental y la búsqueda de felicidad genuina, es que aunque el estado habitual del ser humano incluye aflicciones, sufrimiento e insatisfacción, esto se contempla como un hábito y no como nuestra naturaleza. Nuestro estado potencial es saludable y pleno. Nuestras mentes no están desbalanceadas intrínsecamente, sólo habitualmente, y con esfuerzo continuo y hábil, los desbalances se pueden superar, resultando en un estado de bienestar que no depende de estímulos agradables, sean sensoriales, químicos, intelectuales o estéticos.
[1] El texto en letra cursiva son citas textuales tomadas del libro de Alan Wallace, Contemplative Science: Where Buddhism and Neuroscience Converge (Columbia Series in Science and Religion)y traducidas al español por Enrique Balp. El texto original está disponible en:
http://www.alanwallace.org/contemplativesci.pdf
- Fuente: http://desarrollohumano.co





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