El Budismo es saludable

On 7 julio, 2011

La Salud no es sólo la carencia de enfermedad. Es también un bienestar psicológico, biológico y social. Con esta definición, las prácticas budistas conducen a una salud integral. 

Por Budismo se entienden las prácticas enseñadas por el Buda, que buscan un solo objetivo: la liberación total del sufrimiento. Según la tradición budista, el Buda era un ser humano que, gracias a las perseverancia y el esfuerzo personal, logró liberarse de forma definitiva el sufrimiento y alcanzó la mayor felicidad posible, una cabal comprensión de la realidad. Siddharta Gautama, el Buda histórico, es considerado la personificación viva de la verdadera naturaleza fundamental e inmutable que está presente en todos los seres: la posibilidad del despertar; por lo que todos podemos llegar a ser Budas si practicamos sus enseñanzas, llamadas también como el Dharma, y que pueden ser entendidas como “las cosas tal y como son”. Sus primeras y esenciales enseñanzas fueron las denominadas cuatro nobles verdades:

  1. Toda existencia es sufrimiento (duḥkha).
  2. El origen del sufrimiento es el anhelo (o deseo, sed, “tanhā“)
  3. El sufrimiento puede extinguirse, extinguiendo su causa.
  4.  Noble camino óctuple: el camino para extinguir la causa del sufrimiento

En el Dhammacakkappavattana Sutta (SN LVI.11) se expone así:

“Esta, monjes, es la noble verdad de duḥkha: el nacimiento es dukkha, la vejez es dukkha; la tristeza, el lamento, el dolor, la pena y el desespero son dukkha; la asociación con lo que no se ama esdukkha; la separación de lo que se ama es dukkha; no conseguir lo que se quiere es dukkha. En breve, los cinco agregados del aferramiento son dukkha.
Y esta, monjes, es la noble verdad del origen de dukkha: el aferramiento que provoca el consiguiente devenir y que es acompañado por la pasión y el deleite, probándolo ahora aquí y ahora allí. El aferramiento al placer de los sentidos, el aferramiento a que algo aparezca, el aferramiento a que algo no aparezca.
Y esta, monjes, es la noble verdad del cese de dukkha: la restante disminución y cese del aferramiento, la renuncia, el abandono, la liberación, el dejar ir ese mismo aferramiento.
Y esta, monjes, es la noble verdad del camino de práctica que conduce al cese de dukkha: precisamente este Noble Camino Óctuple: el correcto punto de vista, la correcta resolución, el habla correcta, la acción correcta, el modo de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta, la concentración correcta.”

 

A semejanza de la medicina de la época, el Buda actúa como un médico, donde su enseñanza es aplicada como una medicina, algo muy similar a un procedimiento médico moderno:

  1. La observación del síntoma o signo de la enfermedad.
  2. El diagnóstico de la enfermedad.
  3. El pronóstico de las posibilidades de recuperación.
  4. La prescripción de una receta.

Desde esta visión, la buena salud es el resultado de una muy adecuada relación entre la mente, el cuerpo y la vida espiritual. Su alteración produce la enfermedad, por lo que se busca restablecer el equilibrio. No se rechaza la medicina moderna ni en sus métodos de diagnósticos ni terapéuticos, sino que se los incluye desde una perspectiva mayor, en la que no se olvida el poder de la mente y la ética, que se encamina al servicio desinteresado, el amor y la compasión. Estos atributos son los que permiten enfrentar mejor la enfermedad y al mismo tiempo logran un crecimiento personal integral. Entonces la verdadera buena salud se obtiene en el proceso de autorealización, muy a pesar de las dificultades que se presenten.

Si la medicina moderna entiende la enfermedad como una alteración de una máquina y busca su restablecimiento sólo en lo físico, la visión budista la ve como un reflejo somático total de la vida misma y busca curarla mediante una reorientación fundamental del estilo de vida y de la comprensión que se tenga de la existencia.

Si la mente y el cuerpo funcionan de manera integrada, se consigue hacer que emerja una inagotable fuente de energía que subyace en todas las personas. Esta energía vital se incrementa con la práctica constante de las cualidades que logran llevar su verdadera misión altruista en la vida, tales como la compasión y la tolerancia hacia los demás. Muchas veces una forma de sanarse radica en la ayuda desinteresada a sanar a otros, o en palabras de San Francisco: “Dando es como se recibe”

Pero, tal vez, lo más conocido y estudiado profundamente sobre el budismo y la salud es la práctica de la meditación, que tiene beneficios notables sobre la mente y el cerebro y afecta de forma positiva el carácter y el sistema inmunológico.

Investigadores de prestigiosas universidades norteamericanas como Richard Davidson, Daniel Goleman, y otros renombrados científicos y estudiosos, han puesto en evidencia cómo la práctica sistemática de la meditación budista llega a afectar positivamente el cerebro en su lóbulo frontal izquierdo, donde se sabe residen las emociones positivas; minimizando a su vez la actividad de zonas cerebrales que potencian los sentimientos contrarios. También se ha estudiado cómo el sistema inmune se afecta positivamente.

Y aunque tener una vida dedicada al servicio de la humanidad, buscando además deshacerse del sufrimiento propio y realizar una práctica continuada de la meditación no aleja del todo a la enfermedad ni evita la muerte física -forma en que miramos los Occidentales muchas veces las cosas-, sí logra una visión más sana de la vida, una expresión más consciente y relajada de quién se es y qué se busca, y un estado de gozo real, por lo que los tibetanos suelen decir: “No todo el que es bueno está contento, pero el que está contento, siempre es bueno”.

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