Soy Marco Antonio Karam
Presidente y fundador de Casa Tibet México
Soy Marco Antonio Karam
Presidente y fundador de Casa Tibet México
Desde mi temprano encuentro con la cultura y espiritualidad tibetana, tuve el deseo de conformar una institución dedicada a la difusión y preservación de la extraordinaria civilización del techo del mundo, hoy genuinamente amenazada por la extinción.
Recién arribado al exilio en India, Su Santidad el Dalai Lama formó al Gobierno Tibetano en el Exilio. Consciente de la negativa de la comunidad internacional para reconocer el status históricamente independiente del Tibet y denunciar su ilegal ocupación por parte de la República Popular China, su Santidad instó a su precaria administración a apoyar la fundación de la primera Casa del Tibet en Nueva Delhi como una representación cultural oficial del Gobierno Tibetano en la India.
En 1989, una red de intelectuales y artistas norteamericanos fundaron Tibet House New York nosotros por nuestra parte y con el apoyo de Su Santidad el Dalai Lama, el Gobierno Tibetano en el Exilio y Geshe Lhundup Sopa, director y fundador de Deer Park Buddhist Center en Madison Wisconsin, fundamos la Casa del Tibet en México como la primera representación cultural del Tibet para Latino América. La Casa fue inaugurada por el propio XIV Dalai Lama, durante su primera visita a nuestro país en dicho año y desde entonces no hemos dejado de trabajar a favor de la difusión de esta maravillosa cultura.
Este espacio espiritual y cultural, ha sido la empresa de mi vida. Me ha brindado grandes satisfacciones como a su vez enormes retos. No obstante, estoy convencido que la aventura ha valido la pena, ya que me ha permitido conformar una familia de personas comprometidas tanto con su desarrollo individual como el comunitario, intereses esenciales para la mejoría de nuestra sociedad. Hoy, la comunidad de Casa Tibet sostiene a más de 130 niños tibetanos en el exilio, ha construido clínicas y asilos para ancianos en el Tibet. A la fecha, seguimos contribuyendo con recursos para diferentes programas de desarrollo sustentable para la comunidad tibetana en el exilio y una gran variedad de asociaciones mexicanas dedicadas al apoyo social. Razones que hoy no pueden mas que brindarme satisfacción y alegría.
Como persona, me considero alguien muy afortunado ya que desde muy temprana edad pude establecer un poderoso vínculo con el universo cultural y espiritual Tibetano hoy trágicamente amenazado por la extinción, producto de la ilegal ocupación de su territorio por parte del gobierno de la República Popular China en 1950.
Como parte de mi experiencia académica, espiritual y contemplativa en diversas comunidades Tibetanas tanto dentro como fuera del Tibet, he aprendido con el tiempo, a respetar y admirar el extraordinario legado de la civilización conocida como la del "Techo del Mundo". Un legado de tanta actualidad para nosotros hoy, dentro del contexto de nuestro mundo urbano contemporáneo, como lo fue en las altas mesetas del Tibet por sus más de mil ochocientos años de civilización Budista. A lo largo de su historia, los Tibetanos, animados por un espíritu guerrero, rebelde e inquisitivo y auspiciados por una de las más extraordinarias geografías de nuestro planeta, se interesaron en establecer como prioridad nacional la educación contemplativa, la creatividad literaria y filosófica; así como las artes rituales y el estudio de la mente y sus fenómenos. Estos exploradores del "universo interior", virtuales psico-nautas universalmente apreciados dentro de el mundo social del Tibet como los más importantes e influyentes representantes de su modelo de vida, fueron responsables de extender las fronteras del conocimiento e investigación humanas a las dimensiones misteriosas de la mente y de la realidad que esta estructura. Estos viajeros del universo interior no tan solo se interesaron por entender la realidad inmediata de nuestros sentidos materiales, sino que también dilucidaron las amplias dimensiones de los estados alternos de la mente e inclusive la transición del morir y el renacimiento. Ellos y los grandes maestros con los que me he topado en el camino, son mi inspiración.
¡Que todos los seres se vean liberados del sufrimiento!
Marco Antonio Karam Lamadrid